LA COMEDIA DE LA GALAXIA - Buscando la esfera del poder, Argentina, 2013

En esta ocasión el enigmático y apasionado director argentino cuyo verdadero nombre permanecerá como uno de los grandes secretos del siglo XXI, a pesar de su fascinación un poco excesiva con la posibilidad de contar con mejores efectos especiales para sus película vuelve a desplegar su notable universo delirante en esta comedia cósmica tan ligera como querible

“Hace mucho tiempo, en una galaxia de porquería…”, es lo primero que se ve y lee en Buscando la esfera del poder, la nueva película del enigmático director Tetsuo Lumière. Como si se tratara de la saga de George Lucas, un (interminable) texto introduce un drama cósmico y a sus personajes: dos monarquías galácticas han arreglado que sus respectivos hijos, Sayen y Ankatu, estén juntos en el futuro. Por otro lado, el tirano Xymox II del planeta Hister está en búsqueda de una tecnología capaz de otorgar un poder ilimitado. Ankatu y su hermano fueron enviados a la Tierra. Y así continúa la explicación, primer chiste del filme, que termina con un remate pertinente.


Después de esta conflagración cósmica, Xymox III, hijo del tirano cuyo ejército ha matado millones de seres, sigue en búsqueda de la “esfera del poder”, que reúne toda la energía vital extraída de los seres vivos. Su poder absoluto depende de administrar esa mítica esfera. Y así empieza todo: Sayen defendiéndose de dos naves enemigas de Xymox y aterrizando forzosamente en la Tierra. Sin saberlo, en el planeta azul la espera Ankatu (interpretado por el propio Lumière), que ha olvidado su origen extraterrestre. Habrá una invasión y una historia de amor.


Esta descripción podría hacer pensar que se trata de una superproducción argentina capaz de discutir las ambiciones de un film como Metegol, pero bastará decir que el primer enfrentamiento aéreo espacial consiste en tres tazas de té convertidas en naves cuyos movimientos remiten a la estética del videojuego. Lumière es un heredero criollo de Ed Wood y, en cierta medida, también de George Méliès: el amateurismo, su libertad estética, su apropiación lúdica de la gramática del cine mudo, el delirio de sus guiones, el concepto de aventura que asoma en sus propuestas y un ostensible amor desmedido por el cine remiten tanto al “peor director” de la historia como al primer innovador en materia de ficción. Frente a cámara, Buster Keaton es otro referente.


Que se trate de cine clase b no significa que sea cine berreta. Las condiciones de producción podrán ser muy austeras, pero la imaginación de Lumière elude las constricciones de un bajo presupuesto: una aspiradora y una sábana pueden convertirse en instrumentos de comicidad inusitada. Los cineastas de la era silente descubrieron rápidamente que la desnaturalización de los objetos cotidianos era fuente directa de humor, y Lumière siempre ha sabido aprovechar esa sabiduría pretérita.


Aunque el título induce a sospechar una posible lectura política del mundo, Buscando la esfera del poder transcurre en una suerte de Buenos Aires infantilizada, suspendida en un tiempo sin referencias. Aun así, Lumière siempre está del lado de los débiles y su cine desconoce la prepotencia de los cínicos y los poderosos.


Esta crítica fue publicada en otra versión por el diario La voz del interior durante el mes de octubre 2013


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